El Proceso de Refinado: De la Mina al Consumidor

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Desde que la compañía minera extrae mineral rico en oro de la tierra hasta que se acuña una moneda o se fabrica un lingote o joya, pasa algún tiempo y procesos industriales que llevan siglos evolucionando y hoy en día cada vez son más cortos y de mayor calidad.

Este proceso entre que el oro sale de la mina hasta que llega a tu caja fuerte es conocido como proceso de refinado, que convierte un mineral en bruto, con numerosas impurezas, en metal con una pureza superior a 900 milésimas.

Lo primero, hay que aclarar que lo que se extrae de las minas no es oro: son toneladas de tierra con una concentración de apenas unos cuantos gramos de metal por tonelada.

Esa tierra se lleva a procesar a una planta especial llamada planta de beneficio, que se encarga de separar el oro del resto de materias. Esta planta suele estar cerca de la explotación minera, aunque no es raro que varias minas compartan una misma planta de procesado aunque esto suponga más costes y menos rentabilidad. En nuestro caso, contamos con una planta de beneficio por proyecto minero.

Una vez procesado este material que se ha extraído de la mina, el resultado son una serie de barras (no son lingotes, aún están en bruto) de un material denominado doré que, en realidad, es una aleación de varios metales, principalmente oro y plata.

La composición de este doré puede variar según la compañía que lo produzca y la mina de a que se haya extraído.

Estas barras son las que se envían a las refinerías, que son las instalaciones donde se hacen los procesos físicos y químicos que permiten eliminar las impurezas del metal hasta dejarlo en estado casi puro.

Sobre las refinerías

Las principales refinerías europeas se concentran en Suiza y, en concreto, en el cantón italoparlante del Tesino. Suiza suele refinar cada año aproximadamente el 70% del oro mundial.

La Lista Good Delivery de refinerías acreditadas por la London Bullion Market Association (LBMA) reúne a las principales refinerías mundiales.

No existen refinerías en todos los países del mundo que estén acreditadas y como podréis ver si habéis accedido a la lista

La mayor parte del oro que circula por Europa, en cualquiera de sus formas, procede de estas cuatro grandes refinerías.

Una vez que la refinería recibe las barras de doré que le envía la compañía minera, se procede a pesarlas y fundirlas para asegurarse de que el metal es homogéneo, es decir, que en su interior no hay puntos de mayor o menor pureza del metal.

A continuación se toma una muestra de la barra fundida y se pasa al departamento de ensayado (‘assay’, en inglés), que es el que determina la cantidad exacta de oro y plata que contiene la muestra y, por tanto, la barra de doré.

Cuando se determina esta cantidad, se envía a la compañía minera un documento denominado ‘outturn’ que contiene una declaración del peso de la barra de doré, el porcentaje de oro y plata que contiene y, basándose en esos datos, la cantidad de oro y plata puros que se pueden extraer.

La compañía minera, una vez recibido el documento, decide entonces si vende el oro y la plata a la refinería o realiza un ‘loco swap’ con ella, que consiste en un intercambio de los metales preciosos que están en diferentes lugares, sin necesidad de trasladarlos.

A partir de ese momento, la barra de doré pasa a ser propiedad de la refinería.

Proceso de refinado

El doré pasa primero por un proceso de refinado con cloro, conocido como ‘proceso Miller’. Este proceso, que toma el nombre del químico que lo ideó, Francis Bowyer Miller, se utiliza para refinar el oro con un alto grado de pureza.

Consiste en soplar una corriente de gas cloro puro sobre y a través de un crisol lleno de oro fundido que contiene impurezas. Estas impurezas, así como la plata y otros metales que pudieran estar en la aleación del doré, reaccionan al cloro formando cloruro de plata y otros compuestos, que se depositan en la superficie.

El resultado de este proceso es oro de una pureza del 99,5%, que posteriormente se funde en moldes para formar los lingotes bancarizados de 400 onzas troy (12,44 kilos) que se utilizan en las transacciones bancarias internacionales.

Por su parte, el cloruro de plata obtenido se somete a un proceso de lixiviación para eliminar el resto de metales y, posteriormente, a electrolisis, que permite obtener plata pura.

Oro puro

Volviendo al oro, en ocasiones el mercado demanda que este metal tenga una pureza aún superior. En estos casos, el oro del 99,5% de pureza obtenido por el proceso Miller se somete a un nuevo proceso, denominado ‘proceso Wohlwill’, nombrado así por el ingeniero electroquímico alemán Emil Wohlwill.

Consiste en utilizar el oro de pureza inferior como ánodo y someterlo a una reacción electroquímica en la que el cátodo está formado por láminas de oro de 24 quilates o por acero inoxidable.

Una vez aplicada la corriente, el ánodo se disuelve en la solución de cloro y el oro puro acaba recubriendo el cátodo.

Éste se funde, para obtener unos gránulos de oro del 99,999% de pureza. Estos gránulos son de diferentes tamaños, para poder conseguir el peso exacto necesario a la hora de fundirlos en lingotes.

Los gránulos se combinan para rellenar los moldes de lingotes más pequeños, cuyo peso va desde un kilo (32,15 onzas) hasta media onza (15,55 gramos). Estos lingotes pasan por un proceso similar al de la acuñación de monedas (‘minting’) que les da su forma rectangular definitiva, con las marcas o diseños característicos de cada refinería.

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